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Abril 2025  Edición nº: 33


Invasión rusa de Ucrania

Carlos Morales | Barcelona | 24.02.2024 | 19:42 hrs. 

Análisis astrológico: 

Guerra
ruso-ucraniana

Ucrania, Rusia, guerra ruso-ucraniana, invasión rusa de ucrania

A finales de febrero de 2022, Rusia inició la invasión de Ucrania, en una nueva fase dentro de la escalada bélica de la guerra ruso-ucraniana que ambos países mantienen desde 2014. La campaña comenzó tras una prolongada acumulación de efectivos militares cerca de la frontera ucraniana y el posterior reconocimiento ruso de la autoproclamada República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk en los días previos a la invasión. Esto fue seguido por la entrada de las Fuerzas Armadas de Rusia en la región geoestratégica del Donbás, en el este de Ucrania.


El 24 de febrero de 2022, sobre las 06:48 horas de Moscú, el presidente ruso, Vladímir Putin, anunció una "operación militar especial" en el este de Ucrania. Minutos después, comenzaron los ataques con misiles en diferentes puntos del país, incluida su capital, Kiev. El Servicio de Fronteras de Ucrania indicó que sus puestos fronterizos con Rusia y Bielorrusia fueron atacados. La invasión llevó a varios países, entre ellos Estados Unidos y la Unión Europea, a condenar el ataque e imponer severas sanciones económicas a Rusia.


Este último episodio de la escalada bélica tiene sus raíces en las tensas relaciones entre ambos países, especialmente desde la independencia de Ucrania en 1991 tras la disolución de la URSS. Desde entonces, Ucrania ha intentado acercarse a Occidente, en particular a la Unión Europea y la OTAN, lo que ha generado desconfianza en Rusia, que considera a Ucrania parte de su esfera de influencia. La Revolución Naranja de 2004 y la Revolución del Euromaidán en 2013-2014, que derrocó al presidente prorruso Víktor Yanukóvich, provocaron una creciente polarización. Tras la destitución de Yanukóvich, Rusia anexó Crimea en 2014 y apoyó a los separatistas en el Donbás, desatando una guerra de baja intensidad que se prolongó durante años.


Tras la llegada de Volodímir Zelenski a la presidencia de Ucrania en 2019, las relaciones entre Ucrania y Rusia continuaron siendo tensas, marcadas por la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 y el conflicto en el Donbás. Zelenski intentó una política clara de acercamiento al Occidente y una resolución del conflicto con Rusia, pero las conversaciones no avanzaron significativamente, y las tensiones aumentaron en 2021, cuando Rusia acumuló tropas en la frontera con Ucrania y exigió garantías de que este país no se uniría a la OTAN. A pesar de los intentos diplomáticos, en 2022 Rusia lanzó un ataque a gran escala, justificando la invasión por la necesidad de proteger a las poblaciones rusas en el Donbás y frenar la expansión de la OTAN. La guerra comenzó con ofensivas en varios frentes, buscando tomar rápidamente Kiev, pero las fuerzas ucranianas resistieron y lograron repeler la ofensiva rusa en el norte. A lo largo del conflicto, Ucrania ha recibido un importante apoyo militar y económico de Occidente, lo que ha permitido a sus fuerzas realizar contraofensivas y recuperar territorios.


Mientras tanto, Rusia ha sufrido sanciones económicas severas, aunque en la práctica estas no se han traducido en dificultades notables para su gobierno ni en una contracción significativa de su economía, como se preveía inicialmente. A pesar de las restricciones occidentales en sectores clave como el financiero y el energético, Rusia ha logrado sortearlas diversificando sus exportaciones y reforzando la cooperación con países como China, India e Irán.


El rublo mostró resistencia inicial y, aunque Rusia perdió parte del mercado europeo para su gas y petróleo, redirigió su producción a Asia con descuentos estratégicos. China e India aumentaron drásticamente sus importaciones de crudo ruso, mientras que Moscú fortaleció lazos comerciales con Turquía y Emiratos Árabes Unidos, facilitando la compra de tecnología y productos vetados en Occidente.


Además, el sistema de pagos ruso SPFS ha reducido la dependencia del SWIFT, y el comercio con yuanes ha crecido. Aunque las sanciones han afectado a algunos sectores, Rusia ha adaptado su economía, evitando el colapso que Occidente esperaba.


Lo que sí es evidente es que Rusia mantiene el control de áreas clave del sur y el este de Ucrania, donde el conflicto bélico ha causado la pérdida de miles de vidas y el desplazamiento de millones de personas. Esto ha tenido efectos devastadores tanto para Ucrania como para la estabilidad global, afectando la economía, la seguridad energética y generando una crisis humanitaria sin precedentes. A pesar de los intentos de negociación, no se ha alcanzado una resolución, y el conflicto sigue en marcha, con Rusia centrando sus esfuerzos en la ocupación del Donbás y la consolidación de sus avances en el sur de Ucrania, mientras Ucrania y sus aliados occidentales continúan luchando por restaurar su soberanía territorial.


Si analizamos astrológicamente la invasión rusa de Ucrania, destaca el activo ciclo planetario Júpiter-Urano, con un sextil entre ambos planetas. Este ciclo tiende a proyectarse en la esfera internacional, y su influencia se desarrolla más allá de las fronteras internas de un país. Suele manifestarse con unas características determinadas, como el intervencionismo, las decisiones unilaterales y las imposiciones en cualquier ámbito en la mayoría de los casos. No es un ciclo favorable al diálogo ni a la negociación, ya que repudia todo aquello que percibe como una amenaza a su esfera de influencia e intereses, por lo tanto, tiende a imponer.


No es de extrañar que el presidente ruso, Vladímir Putin, tenga en su gráfico natal un sextil Júpiter-Urano, el mismo aspecto de 60° que estaba activo antes y después del preciso momento de la invasión de Ucrania. Esta claro que la guerra nunca le ha sido del todo desfavorable, aunque dista mucho de la rápida y eficiente intervención militar que creyó culminar en poco tiempo, algo que suele ser muy proclive cuando Júpiter y Urano están presentes.


El ciclo Júpiter-Urano es energético, directo, explosivo y tajante, y solo en contadas ocasiones tiende a la distensión. Cabe recordar que el inicio de la guerra ruso-ucraniana se produjo con una operación militar el 20 de febrero de 2014, cuando tropas del ejército ruso se anexionaron por la fuerza la península de Crimea. Y, curiosamente, en esa efeméride, los planetas Júpiter y Urano formaban una cuadratura.


El ciclo planetario Júpiter-Urano es uno de los principales ciclos de referencia o afines a Rusia. Está presente en la Carta Magna de la Federación de Rusia, formando un quintil. Este ciclo también estuvo operativo en la crisis constitucional rusa de 1993, con una cuadratura creciente; en la guerra ruso-ucraniana de 2014, con otra cuadratura, esta vez menguante; y en la invasión rusa de Ucrania de 2022, con un sextil, el mismo aspecto que tiene el presidente Vladimir Putin en su gráfico natal, ciclo afín al mandatario ruso.


Es obvio que la relación de Putin con el ciclo planetario Júpiter-Urano le hace sentirse cómodo, sobre todo en política exterior. Además, está en sintonía con el mismo ciclo que rige a la actual Rusia, como ya he mencionado. Es decir, una amplia mayoría del pueblo ruso está identificado con los intereses de su presidente y viceversa. Nadie discute esa evidencia, reflejada en las urnas en múltiples ocasiones, con las aplastantes victorias electorales de Putin frente a sus adversarios políticos, que son incontestables. Otra cuestión es que, desde fuera de Rusia, nos gusten o no las políticas del presidente ruso.


No cabe la menor duda de que el gobierno de Moscú no quiere ser un actor secundario en la política internacional en todos los ámbitos de influencia mundial, como así lo ha ido demostrando: control energético, altos presupuestos en inversión armamentística y tecnológica en el ámbito militar, y la nula supeditación a los intereses de Estados Unidos, urdiendo nuevas alianzas para fortalecer y expandir sus intereses económicos.


Volviendo a la invasión rusa de Ucrania, no quiero dejar de mencionar que el ciclo planetario Júpiter-Urano estaba también flanqueado por el ciclo Júpiter-Plutón en semicuadratura. Esta configuración planetaria suele ser un fuerte detonante que afecta de manera directa a los mercados financieros y a la economía en general, provocando aumento de precios, escasez de materias primas y crisis de refugiados, especialmente en los países limítrofes con Ucrania, debido a la avalancha de personas que huyen del conflicto bélico. Europa volvió a enfrentarse a una situación de vulnerabilidad manifiesta, con un conflicto geoestratégico latente que se ha ido agravando. A esto se suma la clara dependencia energética de Europa del gas ruso, que, durante toda la guerra, intentó desvincularse, pero no lo ha logrado del todo, ya que, indirectamente, seguía comprando gas a Rusia.


Lo que es obvio es que la progresiva ampliación de la OTAN hasta las fronteras rusas, tras la caída de la URSS, no ha contribuido a reducir la escalada del conflicto. Rusia ha manifestado en reiteradas ocasiones su preocupación por esta expansión, considerándola una amenaza para su seguridad nacional, especialmente si Ucrania se incorporara a la organización. También debe añadirse la necesidad de Rusia de influir en los países que formaron parte de la órbita soviética, además del objetivo de incrementar su poder en la esfera internacional. El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, no está dispuesto a doblegarse ni a ser tutelado por Occidente. Todos estos factores han reavivado los temores de una nueva Guerra Fría, más presente que nunca. Es la Guerra Fría 2.0, pero ahora sin la Unión Soviética. 

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